Hay algo realmente poético en la miel. Ese elixir alquímico que transforman las abejas y que ha estado en la vida del humano desde la antigüedad.

Aparte de su color seductor, tiene poderes científicos que se añaden a su encanto. La miel tiene una composición química inusual que la mantiene fresca indefinidamente sin echarse a perder (como se ha visto en frascos recuperados de tumbas egipcias).Es particularmente baja en humedad y extremadamente ácida, lo que la hace un territorio inhóspito para bacterias y microorganismos. Y además de ello, las abejas añaden un enzima, la glucosa oxidasa, que crea el peróxido de hidrógeno como un subproducto.

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